Domaine Achillée
Sobre la Bodega
Achillée es un proyecto familiar situado en el corazón de la ruta del vino de Alsacia, iniciado por Yves Dietrich en 1990. Empezando con 4,5 hectáreas de viñedo, la finca ha crecido hasta tener 18,5 hectáreas de viñedo y 6 hectáreas de árboles frutales. En 1999, la finca pasó a la agricultura ecológica y luego a la biodinámica en 2003. En 2016, Yves, junto con sus hijos Jean y Pierre, estableció una bodega bioclimática construida con madera de alerce y paja, que encarna su compromiso con la vinificación sostenible.
Sobre los Vinos
Achillée produce vinos ecológicos, biodinámicos y naturales, elaborados con un profundo respeto por el medio ambiente. La propia bodega, construida con madera de alerce y 90 toneladas de paja, es un edificio pasivo que no utiliza energía para calefacción ni refrigeración. Los visitantes pueden disfrutar de una copa de vino mientras contemplan las impresionantes vistas de los viñedos circundantes y el castillo cercano, experimentando los sabores únicos de Alsacia en un entorno verdaderamente sostenible.
Servicios
- WiFi gratuito
- Parqueo gratuito
- Venta de vino
- Admite mascotas
- Área de Reuniones/Congresos
- Bodas
Reseñas de usuarios (4)
Una experiencia sensorial inolvidable en la bodega Achillée ⭐️⭐️⭐️⭐️⭐️
El recorrido comenzó con una cálida bienvenida por parte del personal, que nos hizo sentir como en casa de inmediato. El guía era extremadamente experto y apasionado, logrando transmitir con claridad la filosofía de la bodega y la importancia de respetar el medio ambiente. Visitamos los viñedos y descubrimos las técnicas de vinificación natural, que buscan preservar la integridad de la uva y minimizar la intervención humana.
El momento más esperado fue sin duda la cata de 5 copas de sus mejores vinos, cada una de las cuales representaba un viaje de sabores. Desde blancos frescos y minerales hasta tintos estructurados, cada vino contaba una historia única ligada al terruño. Especialmente memorable fue la cata de su Riesling, lleno de notas afrutadas y una frescura sorprendente. El Pinot Noir también captó nuestra atención por su complejidad y finura.
El ambiente de la sala de catas era relajado y acogedor, con grandes ventanales que ofrecían
Personal y profesional
La visita duró unos 45 minutos y, durante la cata de hora y media, pudimos preguntar de todo, en inglés. 10/10, valió totalmente la pena.
Una experiencia fantástica, ¡100 % recomendada!
Los vinos en sí estaban muy buenos, y el personal nos preguntaba por nuestras preferencias y nos daba a probar vinos según lo que más nos gustaba (más dulce, más seco, etc.). ¡Eso hizo que la experiencia fuera aún más especial!
Recomendaría esta actividad sin dudarlo si estás por la zona. 10/10 :)
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