FINCA MARAÑUELA
Sobre la Bodega
Pasé 21 años en el sector del turismo de masas. Hoteles, operadores turísticos, gestión de ingresos, toda la maquinaria que mueve a tanta gente a gran escala. Luego vino una doble trombosis y, después, una pandemia. Tuve la oportunidad de seguir adelante. Decidí no hacerlo. Volví a la finca familiar en La Perdoma, en el Valle de La Orotava, al norte de Tenerife.
Mi padre había trabajado en esta finca toda su vida. Aquel verano, con casi 80 años, me dijo que ya no podía encargarse de la vendimia. Así que lo hice yo.
No había ningún plan. Ni modelo de negocio. Solo viñas que había plantado mi bisabuelo, aún sin injertar, que seguían dando fruto después de más de un siglo. El suelo aquí es andisol volcánico, alimentado por los vientos alisios y el rocío del Atlántico. Las vides crecen en «cordón trenzado», un sistema de espaldera trenzado a mano desde hace siglos y que ahora ha sido declarado Patrimonio Cultural Inmaterial por el Gobierno de Canarias. Tienes que trenzar cada sarmiento a mano, cada año. Lleva tiempo. Y esa es la clave.
Finca Marañuela no es solo una bodega. Es una finca agrícola en pleno funcionamiento: viñas de Listán Negro y Listán Blanco junto a café arábica, plátanos, papayas, tabaco y girasoles. Todo crece junto, como siempre ha sido. Los vinos son ecológicos, naturales y con una intervención mínima, sin correcciones en la bodega. Entre 500 y 1.600 botellas al año. Ni una más.
Yo mismo me encargo de todas las visitas guiadas. La persona que cuida las viñas es la misma que te abre la puerta de la bodega. Cuando nos visitas, pisas el mismo terreno, hablas con la misma persona que ha elaborado el vino y te vas sabiendo exactamente de dónde viene.
Finca Marañuela es una granja Slow Food y la primera bodega de las Islas Canarias en unirse a la AEVR, la Asociación Española de Viticultura Regenerativa. En 2024, el Ayuntamiento de La Orotava reconoció a la finca como «Cittaslow Supporter».
Vinos lentos para un mundo acelerado.
Sobre los Vinos
Dos variedades. Eso es todo.
Tanto el Listán Negro como el Listán Blanco se cultivan en el mismo suelo volcánico de La Perdoma, en el Valle de La Orotava, a unos 400 metros sobre el nivel del mar, en la vertiente norte de Tenerife. Las vides las plantó mi bisabuelo. Nunca se han injertado. Y siguen dando fruto.
La viticultura canaria se libró en gran medida de la filoxera, ese parásito del siglo XIX que arrasó los viñedos europeos y obligó a los viticultores a injertar sus vides en portainjertos americanos. Aquí, muchas vides crecen con sus propias raíces, como siempre han hecho. Estas son algunas de ellas.
El viñedo está cultivado en «cordón trenzado», un sistema de espaldera trenzada en el que cada sarmiento se entrelaza a mano en largos cordones que pueden llegar a medir diez metros o más. Es un trabajo lento. Además, recientemente ha sido declarado Patrimonio Cultural Inmaterial por el Gobierno de Canarias. Las vides comparten la tierra con café arábica, plátanos, papayas, tabaco y girasoles: un policultivo, no un monocultivo, como siempre ha sido en esta finca.
A partir de estas dos variedades, elaboro cuatro vinos diferentes: dos tintos, un rosado y un naranja, todos ecológicos, naturales y de mínima intervención, incluso en la bodega. Sin levaduras añadidas, sin clarificación, sin filtración. Lo que pasa en el viñedo es lo que acaba en la botella. Entre 500 y 1.600 botellas al año, dependiendo de la cosecha.
Los vinos se venden directamente, a veces sin denominación de origen. Necesitan tiempo en botella. No están pensados para el disfrute inmediato.
Vinos lentos para un mundo acelerado.
Servicios
- Parqueo gratuito
- Venta de vino
- Alojamiento
- Admite mascotas
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