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Thumbnail Cata de vinos ecológicos en la Bodega Vinum
Ortona, Chieti, Los Abruzos - (Montepulciano d'Abruzzo, Costa de los Trabocchi) 1 Hora 30 Minutos Mín 1, Máx No especificado
Desde €15

Sobre la bodega y los vinos

Enclavada entre las colinas de Villa Caldari, a pocos minutos de la Costa dei Trabocchi, The Vinum es nuestra bodega ecológica familiar que celebra el alma vinícola de los Abruzos. Aquí, las hileras de viñas disfrutan de las noches frescas que bajan de la Majella y de las brisas saladas del Adriático, un microclima que realza los aromas de las uvas autóctonas. Cultivamos Montepulciano, Pecorino y Pinot Grigio con métodos de bajo impacto que protegen la biodiversidad y la fertilidad del suelo, garantizando que el vino nazca en el propio viñedo.

Más allá de la producción, creamos experiencias que unen vino y territorio: catas de kilómetro cero, cenas temáticas en nuestro restaurante Vinum Senses y la tranquilidad de nuestras suites, donde la hospitalidad de los Abruzos se mezcla con el silencio del campo. Cada botella y cada momento cuentan la auténtica historia de una región moldeada por el mar, las montañas y la pasión agrícola.

La historia de cinco botellas:

Al amanecer, cuando la niebla aún se aferra a las hileras de viñas, el Pinot Grigio es el primero en despertarse. Como un viajero curioso, recorre el aire fresco, recogiendo el aroma de la flor del peral y el crujido de las manzanas recogidas temprano antes de deslizarse en la botella con una risa enérgica y crujiente.

A media mañana, el sol se inclina más alto y Pecorino se adelanta, sombrero blanco de paja en mano. Se inclina hacia las hierbas silvestres que bordean el sendero del viñedo -romero, tomillo, un susurro de hinojo- y pliega sus perfumes en su brillante corazón cetrino, listo para bailar junto a cualquier plato de pescado traído del Adriático.

Pasado el mediodía, llega una brisa marina, y con ella el espíritu movedizo de Cococciola. Es ligera como la pluma de una gaviota, rozando el pomelo, la acacia y un beso de sal por la lengua, dejando sólo huellas en la arena y la promesa de un segundo sorbo.

Cuando las sombras de la tarde se alargan, Cerasuolo aparece en un remolino de faldas rosa cereza. Lleva cuencos de granada y pétalos de rosa, y aunque su risa es juguetona, hay estructura en su postura, un suave recordatorio de que el rosado también puede mantenerse firme.

Finalmente, cuando la noche se instala en Villa Caldari, el hermano mayor, Montepulciano, enciende las linternas de la bodega. Oscuro y de voz profunda, zumba a mora y especias, reuniendo las historias dispersas del día en una sola nota persistente que resuena contra el roble y la piedra.

Cinco botellas, una familia. Cada una nacida del mismo suelo orgánico, cada una contando un capítulo de los Abruzos: mañanas de sal marina, colinas sembradas de hierbas y el ritmo paciente y firme de unas viñas que han aprendido a respirar con la montaña y la marea.